15 octubre 2021

Hispanidad

He aquí un concepto que los centinelas de la corrección política han desterrado por completo de nuestro lenguaje. Hispanidad significa o significaba, en primer lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por el mundo. Expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica.

Para los que conocemos bien la historia de América, no nos parece extraño que las poblaciones andinas se unieran de buena gana a las huestes de Pizarro contra la tiranía inca o que los tlaxcaltecas se aliaran con Cortés contra los mexicas, porque ambos conquistadores más fueron libertadores de pueblos oprimidos y esclavizados.

La llegada de Colón. El descubrimiento.
Y tras la extinción de tan odiosos regímenes, se estableció un periodo de trescientos años de paz española, donde la libertad, la dignidad, las tierras y el salario de los indios fueron respetados, y esa fue la primera vez que en la historia de las Américas los indígenas fueron tratados como personas cristianas, y no como ganado, como objetos o como fuerza de trabajo.

Es notable observar cómo todo lo sólido que hay en Iberoamérica proviene de esa época: el casco histórico de las ciudades fundadas por España; los templos, las universidades y colegios, la red hospitalaria, la lengua, la religión, la cultura uniforme… el fruto de años de aplicación de las Leyes de Indias, de próspera tranquilidad y de mestizaje. No había ejércitos y apenas policía que vigilara, y los arrieros o los viajeros podían caminar con toda seguridad desde el río Grande en México hasta la Tierra del Fuego, atravesando aquel inmenso territorio español, que no eran colonias, sino provincias.

Sacrificio humano precolombino

En esta época en que los presidentes de Venezuela, Bolivia, México, Perú e incluso Estados Unidos, con mezcla de ingratitud, ignorancia y oportunismo repudian el descubrimiento, Iberoamérica se sumerge en un surrealista lodazal político, social, económico y cultural. La poderosa unidad continental española se resquebraja en un haz de naciones poco relevantes, donde se suceden las guerras, los cuartelazos, el marxismo, la inseguridad, la violencia… mientras las compañías extranjeras, que no españolas, desvalijan a conciencia los recursos naturales.

Dos siglos de independencia sin levantar cabeza. Pero es más socorrido ocultar el mal gobierno: el subdesarrollo persistente, las desigualdades profundas, la miseria, la corrupción, el hacinamiento urbano, el saqueo de las materias primas, la destrucción de las selvas, el narcotráfico… y criticar a España, que gobernó prudentemente Iberoamérica durante tres siglos y la incorporó a la cultura occidental.


Fuentes: Borja Cardellús en ABC y Juan Manual de Prada en Scielo.
Imágenes: Admagazine y PeriodistaDigital

01 octubre 2021

Otoño: La leyenda de Kanshout

 Los árboles de mi calle se están poniendo dorados.
El otoño de otros años ha vuelto y los ha pintado

Cuentan los que saben de esto que, hace mucho tiempo, existió una tribu llamada Selk’nam, que vivía en el último y más remoto lugar del planeta, la llamada Tierra de Fuego, en la punta de más abajo de América del Sur, donde los árboles no perdían nunca sus hojas.

La tradición obligaba a los jóvenes a partir en busca de aventuras cuando cumplían la mayoría de edad. De esta forma ganaban en autonomía y madurez. A su regreso, debían contar a la tribu lo que habían visto más allá de la Tierra de Fuego.

De entre los jóvenes, Kanshout destacaba por ser tremendamente curioso. ¡Estaba deseando descubrir todas las maravillas que, sin duda, habría fuera de allí!

Partió feliz, pero tardó mucho en regresar. Tanto, que todos pensaron que habría muerto. Kanshout volvió un año después, radiante de felicidad.

¡Tenéis que escucharme todos! dijo emocionado ¡Encontré un lugar donde los árboles pierden sus hojas y después vuelven a nacer, mucho más verdes y hermosas! Los árboles cambian de color. Se vuelven amarillos y rojizos como el fuego, luego se quedan desnudos y, meses después, comienzan a brotar nuevas hojas de un precioso color verde.

Todos le miraron con extrañeza. ¿Se habría vuelto loco?

Comenzaron a reír, pensando que les estaba tomando el pelo. El pobre Kanshout se dio media vuelta y aguantó como pudo los insultos y las risas de todos. Pero ¡les daría una buena lección!

Los árboles perdían las hojas a su paso

Kanshout pidió a los dioses que le transformaran en un pájaro del color de las hojas que había visto, con algunos poderes. Los dioses le convirtieron en un precioso loro de plumaje verde y pecho dorado que, volando sobre los árboles de la Tierra de Fuego, a su paso, fueron despojándose de sus hojas.

La tribu pensó que los dioses les habían castigado. Contemplaban con horror cómo los bosques se coloreaban de amarillo, perdían sus hojas al menor soplo de viento y se quedaban desnudos.

¡Los árboles se mueren! gritaban algunos—.

Pero los árboles no murieron y, tiempo después, cuando llegó la primavera, de las ramas que parecían secas comenzaron a brotar hojas de un precioso verde brillante.

– ¡Kanshout tenía razón! dijeron avergonzados.

Desde entonces, los loros sobrevuelan los árboles y, cuando se posan en sus ramas, gritando, se cree que se están riendo de los hombres que no creyeron en el otoño.


Fuente: Tucuentofavorito.com. Imágenes: Leyendas del mundo ceniza.

18 septiembre 2021

Frustración y pandemia que no cede

Llegó septiembre y aunque la situación del covid-19 no es la misma que hace unos meses, aún nos queda un camino, no sabemos si largo o corto, por recorrer, aunque todos tienen un final.

En la pandemia, muchos intentamos ejercitar el don de la paciencia: esperamos, con la mascarilla puesta, estar vacunados y que bajen los contagios y anticipamos el día en que volvamos a abrazar a otros sin miedo y a viajar sin preocupaciones. También ejercemos otra paciencia más filosófica, esa que, ante una persona desconsiderada, intenta ponerse en los zapatos del otro —no todos—, en medio de una gran incertidumbre.


Pero, como escribía Paul Krugman, hablamos poco sobre una frustración muy extendida y que él llama “la rabia de los responsables”: la molestia de algunas personas respetuosas de los lineamientos de salud pública frente a quienes se resisten a vacunarse o creen que no usar mascarilla en lugares públicos y concurridos es una libertad personal superior al bien común.

Ante un virus altamente contagioso, las decisiones individuales tienen un impacto masivo: un estudio mostró cómo se propagó el coronavirus cuando una docente sin vacunar y contagiada se quitó la mascarilla en un aula de primaria, un acto que desencadenó 26 infecciones. No hay que olvidar que, aunque son molestas, existen buenas razones para creer que usarlas en la escuela podría mejorar ciertas habilidades sociales y cognitivas.

Sucede que las discusiones sobre salud pública se han ido tornando cada vez más desagradables, no solo a nivel político, sino incluso en una escala personal. Y es que, a nivel intelectual, hay un desafío enorme. Experimentamos el proceso científico en tiempo real y en carne propia: una odisea impredecible de actualizaciones constantes.

Un día hay que desinfectar todas las superficies y otro lo importante es la ventilación; nos informan de que los que corren riesgo son los adultos mayores, y unos meses después, son los niños quienes están en peligro. En un ensayo reciente, una reportera especializada en salud, analizaba las complejidades de seguir los consejos de los expertos en un momento en el que la ciencia parece caprichosa e indecisa.

“El camino que queda por delante es difícil”, escribe. “El virus traerá más sorpresas y los mitos que ya se han arraigado serán difíciles de borrar”.

¡Feliz otoño para los septentrionales y que disfruten de la primavera mis queridos amigos del sur!

04 junio 2021

Corpus Christi

Se trata de una festividad móvil de la religión católica que se celebra sesenta días después de la Pascua o Domingo de Resurrección.

Según algunos historiadores, todo comenzó en 1208, cuando la religiosa Juliana de Cornillón propuso celebrar esta festividad en honor al Cuerpo y Sangre de Cristo. Dos siglos después, el papa Nicolás V encabezó la primera procesión por las calles de Roma.

Preparando una alfombra de flores en Canarias
En muchas localidades de España, la fiesta del Corpus se celebra alfombrando las calles con plantas olorosas como tomillo, romero, espliego... y dibujos realizados con pétalos de flores o, si faltan, con lo que se tiene más a mano: sal, tierras coloreadas o hasta serrín. Algunas son verdaderas obras de arte que perduran hasta el paso de la procesión.

Decenas de habitantes de estas ciudades colaboran de diferentes maneras: dibujando, rellenando, cortando flores, cuidando que nadie pise o dañe el trabajo que se inicia en la madrugada, guardando el mayor secreto posible para que la decoración sea una sorpresa el día de la procesión. Incluso las tapan con un plástico para que nadie las vea hasta ese día.

El motivo por el que empezaron a elaborarse estas alfombras debió ser adecentar las calles, antiguamente riachuelos malolientes a veces, con hierbas aromáticas. Las alfombras con dibujos aparecerían más tarde.

Entre las más antiguas tradiciones, en Granada, el Corpus coincide con la fiesta mayor de la ciudad: feria taurina, casetas, coches de caballos con gente vestida con típicos trajes regionales, ambiente flamenco y festivo caracterizan esta Feria. El día grande es el jueves, cuando la gente abarrota las calles para contemplar la procesión. Como contrapunto pagano a la fiesta religiosa, otro día se celebra la procesión de “La Tarasca” un monigote que se pasea a lomos de un fiero dragón que parece quedar rendido a sus pies.

Alfombra de flores en Guatemala
El Corpus es la fiesta más importante en Toledo y una de las más antiguas. La ciudad se adorna con toldos, guirnaldas, cientos de flores y faroles por todo el recorrido de la procesión. Paredes, ventanas y balcones se engalanan con antiguos estandartes y tapices del siglo XVI y XVII, mientras el suelo se cubre de hierbas aromáticas. A las doce de la mañana, las campanas de Toledo empiezan a repicar y aparece un conjunto de gigantes que representan los cinco continentes.

En Béjar, Salamanca, la originalidad de la procesión del Corpus radica en los “hombres de musgo”. La leyenda cuenta que, estando Béjar bajo el poder musulmán, los hombres recubrieron sus ropas con el musgo que crecía en las rocas del lugar y, al amanecer, se dirigieron hasta la fortaleza musulmana parapetados tras su camuflaje, sin ser vistos, y consiguieron reconquistar la ciudad, que ese día volvió a manos de los cristianos.

En la República Dominicana destaca, como dato curioso, una leyenda referida a un buey que regañó a su amo por no respetar el Corpus Christi como día de recogimiento. En Cusco, Perú, ese día se celebra el festival de Quyllurit’i, marcando el regreso en el cielo de la constelación de las Pléyades o Qullqa en idioma quechua.

“Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión” (Refrán popular español)

21 mayo 2021

Calcetines

Se ponen en los pies, a pares, para calentarlos, absorber el sudor, protegerlos de suciedad, rasguños y aliviar el eventual rozamiento del pie con el calzado. En países tropicales se usan poco, pero por aquí arriba, en el Pirineo, son imprescindibles incluso en verano.

Dicen que nacieron en el Neolítico, hechos a partir de piel de animal, que nuestros ancestros se enrollaban en los pies, aunque el calcetín propiamente dicho debió surgir en Egipto. Los más antiguos que se conservan, se encontraron en la tumba de un niño, están hechos a ganchillo y tenían dos partes: una que enfundaba el dedo gordo y la otra el resto.

Record mundial, cierto, de calcetines tendidos
En Grecia, Heródoto de Halicarnaso escribía en el siglo VIII a.C. acerca de los piloi, unos calcetines hechos con pelo de animales que vestían los hombres. Las griegas llevaban una especie de sandalias llamadas sykhos muy bajas y blandas, que cubrían principalmente los dedos de los pies y el talón, y que se consideraban vergonzantes si las calzaba un macho, alfa o no.

Las mujeres romanas incorporaron a su atuendo las sykhos griegas, que convirtieron en soccus, antecesoras del calcetín alto que cubría la pantorrilla. Desde Roma llegaron hasta las Islas Británicas, donde los anglosajones abreviaron su nombre como sock, hasta hoy.

El Reverendo William Lee, en Inglaterra, inventó una máquina para hacer calcetines, y comenzaron a fabricarse de algodón y lana. Fueron rechazados tajantemente por la reina Isabel I que, acostumbrada a los calcetines de fina seda importados de España, la máquina de Lee —se quejaba ella— hacía calcetines demasiado bastos para sus reales pies.

Más reciente, en la aristocracia japonesa de la era Meiji (1868 – 1912), los calcetines se convirtieron en objetos muy valiosos, siendo un símbolo de status social: 2 kg de arroz valían 3 monedas y por un par de calcetines había que pagar 10 monedas.

Dedo gordo liberado por un tomate
Esta prenda, calcetín o media, tiene o ha tenido algunos usos paralelos. Dicen que los avaros guardaban en ellos su dinero: “Si los políticos lo supieran aseguró irónica Margaret Thatcher— nacionalizarían los calcetines”. Los chicos y no tan chicos, colocan calcetines junto al árbol de Navidad, por ver si Papá Noel los colma de regalos.

Según su estado de uso, pueden irradiar un insoportable hedor a queso de cabrales (*) o producir unos “tomates” no aptos para ensalada. Estos últimos suelen materializarse como los agujeros que se forman con el uso y abuso de la prenda, producidos, por ejemplo, por un dedo gordo rebelde que, finalmente, consigue, bizarro, evadirse del opresor calcetín.

Antaño, solía utilizarse un calcetín para colar el café cuando se hacía "de puchero". En un restaurante cuyo nombre no recuerdo, un viejo menú terminaba: "..y un café caracolillo colado como Dios manda, con un calcetín sin usar o usado pocas semanas".

Perdonen que termine así, de pronto: tengo que ponerme enseguida unos calcetines de lana porque se me están quedando los pies helados. ¡Este Pirineo…!

“Lo nuevo se entreteje con lo viejo, como el zurcido de un calcetín”. (La joven de la perla, de Tracy Chevalier).


(*) No es broma. Hace unas semanas, un avión de la Spirit Airlines que se dirigía a Fort Lauderdale desde Nueva York, tuvo que aterrizar de emergencia ante las protestas de los pasajeros, quejándose por un fuerte olor a calcetines sucios. (Digitalpost)