07 mayo 2021

Secuela postcovid

Entenderemos por “traje” o “terno” un conjunto formado por pantalón y chaqueta a juego, del mismo tono, tela, color o dibujo.

Hay muchos tipos de traje: de ceremonia, de chaqueta, corto, de baño, de noche, de luces… Aquí nos referiremos al traje de uso común en hombres, complementado casi siempre con unos zapatos lustrosos y una corbata bien conjuntada con el color de la camisa.

Joe Biden vestido a la antigua usanza
Hace tiempo que, en esto del traje, las cosas ya no son como antes. Cuando los países adelantados comenzaron a festivizar—con perdón— el viernes por la tarde, pioneros del desmadre se desposeyeron enseguida de los zapatos, sustituidos por zapatillas de primeras marcas, con un efecto colateral que sirvió para que las tales hicieran el agosto cada fin de semana.

La corbata también cayó en este primer asalto, en  beneficio del cuello suelto, y los más avanzados sustituyeron enseguida la tradicional chaqueta de tres botones por un suéter más moderno o las simples mangas de camisa, y los pantalones de paño por unos chinos de mala muerte o unos jeans o tejanos made in USA, incluso con algún roto por las rodillas.

Se perdió el respeto a ceremonias de clásico vestir como bautizos, comuniones o incluso bodas, aunque, en este caso, algunos se siguen disfrazando con trajes aparatosos, tipo frac o smoking, o espectaculares pamelas, supuestamente elegantes para la celebración.

Funcionarios y políticos se apuntaron pronto a la movida, con evidente pérdida de respeto a usuarios de la administración y votantes partidarios. Algunos líderes cambiaron la corbata por un bolígrafo en la mano derecha e incluso decoraron lo alto de la molondra con una coleta, que a dónde vamos a parar.

Avanzado progresismo social
Pues, mirá vos, con un empujoncito chino y la ceguera y estupidez de algunos seudo políticos y seudo comités científicos seudo inteligentes, fuimos a parar al covid-19, que no tiene nada de seudo. Y todo empeoró. Sea por confinamiento o por trabajo en casa, comenzamos a disfrutar del verano en calzoncillos y camiseta o remera del Ché, que da una pinta insuperable de avanzado progresismo. Los venerables trajes, si aún quedaba alguno, junto con el trapillo informal, fueron arrinconados al fondo de los armarios roperos.

Confinamiento, trabajo en casa (?) y dolce far niente dejaron importantes secuelas. Los frecuentes viajes a la nevera y al cajón de los embutidos, el queso y los frutos secos dispararon los culos y las cinturas y, al poco, no conseguíamos encajar decentemente el body, sin michelines circulares ni rebosamientos laterales, en ninguna ropa, ni clásica ni moderna.

Una secuela postcovid poco documentada, que tendrá su punto álgido y desesperante para nuestra zarandeada billetera, a la hora de renovar el vestuario donde alojar nuestra nueva y sobredimensionada anatomía, en cuanto intentemos incorporarnos a la nueva normalidad.

Si es que llega.

23 abril 2021

Seshat, señora de los libros

Nada más propio para una fecha como la de hoy, 23 de abril, Día Internacional del Libro, que dedicarle unas líneas a Seshat, la "señora de los libros", diosa de la escritura y la historia, protectora de las bibliotecas en la mitología egipcia.

También, diosa del destino, porque estaba sentada a los pies del árbol cósmico, en la parte más profunda, al sur del cielo, desde donde escribía sobre hojas del árbol los acontecimientos del futuro, y archivaba los acontecimientos pasados.

Es una de las más antiguas diosas del panteón egipcio, desde la Primera Dinastía, y se la conoció con diferentes nombres según el faraón reinante. Además, fue considerada diosa de la arquitectura, del calendario y de la astronomía.

Fue la consejera del faraón en la fundación de los templos, siempre con un elemento común: los libros, a los que consultaba con frecuencia. Encargada de calcular y medir los terrenos sagrados para que se pudiera llevar a cabo su correcta construcción y orientación precisa, revisaba los planos y vigilaba las estrellas para emitir sus cálculos. Participaba del rito de la “ceremonia de la fundación” y la de “estirar la cuerda” para medir las dimensiones de los templos.

Seshat era considerada como la parte femenina de Thot [1], unas veces como su hija y otras como su esposa. En este caso, tendrían un hijo en común, el Horus de Oro [2], por lo que se la asoció ocasionalmente con la diosa Isis. En determinados escritos antiguos, como en el “Texto de las Pirámides”, se la describe como “Seshat, la más destacada de los constructores”.

Es imposible, para alguien que ama los libros, para quien sus momentos más recordados se encuentran entre las estanterías de una vieja biblioteca repleta de antiguos y modernos saberes, no sentirse inspirado por una diosa así. No sentir las ganas de perderse entre libros de mitología egipcia para investigar su historia, para conocerla y, si hace falta, adorarla.

Seshat es uno de los dioses “pobres” que no cuenta con templo propio, pero, aun así, nos han llegado representaciones suyas que aparecen en algunos templos asociados a otros dioses. Siempre como escriba del faraón, anotando sobre las hojas del Árbol de la Vida, todos los logros que este había conseguido durante sus años de reinado, lo que le daba la cualidad mágica de cuidar de la inmortalidad del faraón en la Tierra.

Vestida con piel de leopardo, y con un tocado sobre la cabeza con una estrella de cinco o siete puntas, Seshat llevaba en sus manos, como elementos simbólicos, una caña de escribir y una paleta de escriba.

Bien merece compartir la gloria con memorables escritores como Cervantes o Shakespeare, fallecidos, precisamente, en un día como hoy.


[1] Es el dios de la sabiduría, la escritura jeroglífica, la ciencia, la magia, las artes, el juicio y los muertos.
[2] Está representado por el dios halcón Horus posado sobre un símbolo que normalmente significa “oro”. Fue el símbolo más antiguo para representar el título de faraón.

09 abril 2021

Paraguay fantástico: El guaguingue

Al anochecer en los bosques paraguayos, si se presta atención, puede escucharse el lamento de un extraño pájaro: el guaguingue o urutaú al que, durante el día, se le ve posado en lo más alto de un árbol, con los ojos siempre fijos en el sol. Según la creencia popular, el urutaú llora todas las noches.

Recuerda una antigua leyenda a una joven, kuñatai de singular belleza, la más famosa y festejada por sus encantos naturales entre la gran familia guaraní. Desde lugares lejanos, apuestos mancebos acudían atraídos por tan bellísima mujer. Su altivez, sin embargo, la hacía inconmovible ante los galanteos y reclamos de amor, de modo que los pretendientes regresaban desconsolados a sus lares.

La preocupación por ella aumentaba en la tribu con el paso del tiempo, hasta que el padre decidió invocar a Tupá, el dios supremo de los guaraníes que creó la luz y el universo, para que intercediera con su poder. Y Tupá le escuchó. Poco tiempo después, como aparecido de no se sabe dónde, vieron llegar a un apuesto forastero de cabello dorado y ojos azules como el cielo.

Al verle, la joven fue presa de una extraña sensación, emocionada por las palabras de amor del forastero, temblando por primera vez ante la presencia de un hombre. No tardó en comunicar a su padre la impresión que le causaba aquel esbelto mozo y su anhelo de vivir con él para siempre.

TEKOGUARANI
Se preparó el casamiento. Concurrieron músicos y danzarines, notables y hechiceros, para que la fiesta fuera todo un éxito, con abundancia de comida, frutas, chicha y mieles. La más gloriosa celebración que recuerda la historia de la raza.

Ya en el nuevo hogar, la vida transcurría armoniosamente. Sin embargo, algo extraño comenzaba a inquietar a la bella mujer: todos los días, antes del amanecer, su esposo emprendía el camino a su trabajo, regresando a casa una vez oculto el sol.

Una noche, la bella kuñatai interrogó a su hombre sobre la razón de su desaparición diurna. Le contestó que le contaría su secreto, siempre que ella fuera fiel depositaria del mismo porque, de lo contrario, perdería su amor para siempre. Cuál no sería el asombro y la alegría de la mujer al saber que su esposo era el mismísimo Sol, señor de los cielos, convertido en ser humano. 

Al día siguiente, la madre halló a su hija más alegre que nunca, sonriente y con la mirada fija hacia el sol, y la joven acabó por confiarle su secreto. Consciente de que había violado la promesa hecha a su marido, cerrada la noche y cuando aquel no regresaba al hogar como de costumbre, recordó sus palabras: “me perderás para siempre”, y estalló en un incontenible llanto.

Huyendo de su tribu, se internó en los bosques para esconder su tristeza. Trepó a lo más alto de un árbol para estar más cerca del sol e implorar el perdón de su amado, con lo ojos llenos de lágrimas, siempre fijos en su ya perdido amor.

Es el triste y doloroso llanto del guaguingue cuando se va el día, el pájaro fantasma de los guaraníes.


Fuentes: ABC Color, El bestiario paraguayo, Rescatando mi cultura guaraní (Argentina), Blanca Maria G. R. y Prof. Angélica Saucedo. Compilado y resumido por FG.
Foto del guaguingue: Visitemos Misiones.

26 marzo 2021

Cita con la memoria

Esta entrada se publicó en uno de mis blogs hace 12 años.
La incluyo aquí porque mucha gente no la habrá leído
y porque no he encontrado nada mejor para esta Semana Santa
.

Pasó junto a mí rozándome con su túnica morada, sin reparar en mi presencia, sin detenerse, caminando rápido y solemne, como una sombra muda y anónima avanzando con paso decidido y resuelto hacia su cita anual con la memoria. Apenas vaciló un instante antes de abandonar la penumbra de nuestro portal, como para acostumbrar sus ojos a la claridad limpia de abril.

Cofrades portando una imagen (paso)

Sé quién es. Nos hemos cruzado muchas veces en la calle, en el ascensor y en el garaje del edificio. No hemos hablado mucho, pero sí lo suficiente para saber que es un vecino cómodo, una persona erudita, con ideas claras y mente despejada, irreligioso, aunque hoy es un hombre distinto. Dentro de unas horas será solamente un costalero anónimo portando la efigie de un Cristo Crucificado en la procesión de una desconocida cofradía.

Este intelectual escéptico me dijo un día: Yo no creo estar llevando a Dios sobre mis hombros, pero sí a un hombre que murió por el perdón de todos. Me basta con esto para involucrarme.

Esto es nuestra Semana Santa: ni un rito atávico ni un aquelarre de fundamentalismo religioso, sino el reencuentro, en la armonía de la primavera, de un pueblo con el paisaje moral de sus sentimientos y de su conciencia, de sus pasiones y de sus emociones. El reencuentro con el Hombre.

Legionarios con su
Cristo de la Buena Muerte
En pocas citas masivas se produce tantísima tolerancia. Políticos profundamente críticos con la Iglesia Católica, presiden sin conflicto alguno las procesiones de su ciudad. Mujeres proabortistas caminan descalzas tras la imagen del Gran Poder, protegiéndose acaso, con un pañolón, de la lluvia de cera de los cirios.

Es la gran fiesta del perdón, la cita del pueblo con la memoria, preservada a través del tiempo por una simbología de devastadora potencia emotiva y bellísima sensibilidad estética, que nos vincula con la necesidad de la indulgencia. Un ritual profundamente enraizado en la religión y en la ética, en esa dimensión social de la penitencia, el amor, la compasión y la piedad.

Los mismos valores del Hombre cuya figura crucificada y moribunda pasea estos días por nuestras calles. Del Hombre que, al perdonar a sus enemigos porque no saben lo que hacen, dejó abierto el poder de la misericordia incluso para los que sí lo saben.

12 marzo 2021

Decepciones

Una defensora de los derechos humanos que coopera con el ejército, un policía demasiado duro, un donante ¿desinteresado?… Un pequeño zoológico humano donde se muestra el lado oscuro de personas en las que nos gustaría poder confiar.

Manifestantes en las calles de la capital
En Birmania, sufriendo las consecuencias de un golpe de Estado, toda la atención está centrada en Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz y lideresa histórica del movimiento por la democracia. Aunque sigue siendo popular, esta mujer dilapidó su credibilidad y autoridad moral al aliarse con los militares que gobernaron el país durante décadas y ser cómplice de genocidio durante la limpieza étnica de los musulmanes rohinyá.

Después de que los militares de Birmania derrocaron al gobierno civil y detuvieron a sus líderes, bloquearon el acceso a internet, suspendieron todos los vuelos y prohibieron los desplazamientos a la población. Aung San Suu Kyi fue detenida y podría volver a prisión.

Claro que importa
En Estados Unidos, el retrato que ha ido surgiendo del policía acusado de presionar su rodilla contra el cuello de un afroamericano, tan americano como el policía, es ahora el de un agente de la ley que, según diversos testimonios, recurría con frecuencia al uso de la fuerza excesiva sin que, al parecer, ninguno de sus superiores le llamara la atención por su inapropiado comportamiento.

En América Latina, los líderes políticos que, en buena medida, ascendieron al poder debido al hartazgo de los ciudadanos con la clase dominante tradicional —Bolsonaro en Brasil, López Obrador en México, Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua— han traicionado la confianza de su pueblo actuando con cinismo, prepotencia y falta de responsabilidad en muchas ocasiones y especialmente durante la crisis sanitaria.

Las goticas de Maduro

Como Bolsonaro y López Obrador, negacionistas recalcitrantes, o Maduro, presentando a sus fieles sus “goticas mágicas” para acabar con el coronavirus: “Made in Venezuela, de Venezuela para el alma, de Venezuela para el mundo", dijo. Nunca más se supo de las tales “goticas”.

Las mujeres que recurrieron a un popular músico holandés, para que les donara esperma, vivían con la ilusión de tener un hijo y formar una familia con su media naranja.

Poco a poco, han ido sabiendo que, incumpliendo normas y reglas, el músico ha sido donante cientos de veces no solo en una pequeña comunidad como los Países Bajos —donde los hijos corren el riesgo de enamorarse de sus hermanos— sino también en más de una decena de países, entre ellos México y Estados Unidos. ¿Nadie se enteró o a nadie le importó?

Hace varias décadas que llegó la democracia a esta España nuestra. Una democracia llena de miedos a que pueda convertirse en un régimen hegemónico de la izquierda o de la derecha. Miedo a ambos lados. Miedo a mediocres, sátrapas, burdéganos, pagafantas, tarambanas, chamanes y respetables hijos e hijas de la grandísima puta.

Miedo, sobre todo, a irresponsables salvadores de la patria.


Fuente: Resumen y fotografías de la prensa diaria.

26 febrero 2021

Cuando el grajo vuela bajo

En los días más crudos del invierno, escuchamos con frecuencia, por estas alturas pirenaicas, aquello de que “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo”. Con ese rotundo “carajo” que, aunque el DRAE le adjudica un significado distinto, aquí no es sino un vulgarismo que viene a significar “grande” y que no se empezó a utilizar en este sentido hasta el siglo XX, con la aparición de frikis, heavies, góticos y otras culturas urbanas.

Grajo observando el tiempo atmosférico
El Instituto Cervantes explica que “se trata de un refrán que se emplea para afirmar que hace mucho frío, y que el vuelo a escasa altura de estas aves es indicio de un ambiente helador”. Dice también que el grajo es un ave parecida al cuervo, muy inteligente, algo más pequeña y de pico y patas rojizas.

Aquellos aún recientes días de frío aportaron a las redes cientos de “memes” e imágenes con referencias al temporal bautizado Filomena, que nos hostigó sin piedad. En una de ellas, aparece un grajo caminando decidido por las calles, equipado con gorro y bufanda. Otro diciendo “ni vuelo bajo ni leches, que me quedo en casa”.

Grajos volando bajo
Pero, ¿a qué altura suelen volar los grajos? Explican los expertos de la Sociedad Española de Ornitología que los grajos pueden volar hasta por encima de los 1300 metros, pero que en invierno suelen hacerlo por debajo de los 400, aproximándose a la tierra en busca de calor.

¿Es sabio el refranero español en lo que a meteorología se refiere? Se trata de un ave que está habituada a volar muy alto, salvo los días de bajas temperaturas, cuando las capas altas son más densas y hacen más trabajoso el necesario aleteo de sustentación. Es entonces cuando los observamos volar a alturas mucho más bajas.

Los grajos, a los que en muchas zonas de Aragón se les conoce como “grallas”, son aves que no solo sirven a la sabiduría popular para dar idea del intenso frío sino también para lo contrario. Así, “cuando el grajo sube, no se ve ni una nube", haciendo referencia a un día soleado, o “cuando el grajo vuela bajo, no te quites el refajo” o “hay que tomar sopas de ajo”.

Bien abrigadito por si acaso
Al margen de las gracias que el frío post Filomena nos va dejando —“El Grajo Airlines suspende todos sus vuelos por la ola de frío”—, lo que parece cierto es que hay animales que anticipan los cambios de tiempo o, incluso, los fenómenos naturales: durante el tsunami asiático de 2004, se dijo que algunos felinos presintieron el desastre y se alejaron de la costa.

Está demostrado que los perros escuchan frecuencias más altas que los humanos, que muchos insectos anticipan cambios atmosféricos porque sienten vibraciones en sus patas, o que los peces varían su comportamiento en función de la presión del agua.

Creencia parecida es la que hay detrás de la tradición norteamericana del Día de la Marmota, el 2 de febrero, en la que Phil, que así se llama el animalito, debe predecir la duración del invierno. Esta costumbre tiene más de superstición que de ciencia, dependiendo de que la marmota vea o no su sombra. Si la ve, dicen que se asusta y vuelve a su agujero, con lo que la primavera llegará enseguida. En caso contrario, el invierno se prolongará seis semanas más.

Y si va en vuelo rasante, hace un frío acojonante. Con perdón.