Verba volant, scrīpta mānent

11 mayo 2019

Casablanca, Marruecos

La antigua medina —el zoco— es el alma, el corazón y el cerebro de la ciudad: se compra, se vende, se trapichea, se porfía, se debate, se ofrece marihuana, se decide a quién robar, asaltar, estafar o incluso apuñalar o violar. Llegado el caso, se conciertan matrimonios, se repasan calcetines, se limpian corbatas, se mea en cualquier esquina… 24 horas.

El zoco: aquí se trapichea con todo.
Mis peores recuerdos de Casablanca giran en torno a un aciago día del mayo florido de 2003. Espeluznante efeméride [1]. A las diez y media de la noche de aquel “viernes negro”, cinco violentas explosiones golpearon la ciudad. La Casa de España, lugar de encuentro de españoles y marroquíes, resultó el lugar más afectado. Tres terroristas suicidas, tras degollar al portero, hicieron estallar sus cinturones cargados de metralla en el restaurante en el que decenas de clientes cenaban o jugaban al bingo. Murieron 22 personas. Además, fueron atacados el Hotel Saphir, el consulado belga, la Alianza israelí y un cementerio judío. Total, cerca de medio centenar de víctimas.

El destino, ese poder sobrenatural inevitable que, según se cree, mueve caprichosamente los hilos de la vida humana, se disfrazó de cuestiones de trabajo y me llevó esa noche a Rabat, lejos del horror. Era yo cliente del Saphir, donde me alojaba desde hacía tiempo, y me gustaba cenar en la Casa de España, en la calle Lafayette. De haber estado allí, solo Dios sabe lo que hubiera ocurrido.

En primer plano, la impresionante mezquita que mandó construir Hassan II
Se colocó una placa con los nombres de las víctimas de aquella barbarie. Allí está Hashim [2], el cocinero, siempre atento y cordial y que, entre plato y plato de cocina española, te colaba un cuscús cinco estrellas. Y Halima [3], su hermana, que nos lo llevaba a la mesa con una sonrisa amplia, leal y deslumbrante, y nos enseñaba a comerlo como lo hacían en su casa. En la placa, está también el portero, un hombre bueno, víctima de una barbarie lóbrega e incomprensible.

Pero, como en la inolvidable película de Bogard y Bergman, el tiempo pasa:

You must remember this: a kiss is still a kiss. 
A sigh is just a sigh; 
The fundamental things apply, 
As time goes by. [4]

Un trago a la puerta del mítico café de Rick
Del viejo café de Rick, no queda nada: ni Rick ni Ilsa ni el piano ni Sam para interpretar de nuevo la misma melodía… El café de Rick era el cabaret del film Casablanca, un lugar exclusivo y un antro de juego para una clientela variada: gente de la Francia de Vichy, oficiales de la Alemania nazi, asilados políticos y ladrones. Aunque se rodó íntegramente en Hollywood, todo el mundo creyó que se filmó en Marruecos. Tanto es así que un avispado arquitecto norteamericano construyó una réplica junto a los muros de la medina, para que los turistas se fueran satisfechos, después de tomarse un trago “donde lo de Rick”. [5]

En el perfil de la ciudad destaca ahora la gran mezquita construida por Hassan II, con una impresionante torre provista de un rayo laser apuntando a La Meca. El templo nació como prueba de fe, en la ciudad más laica entre las marroquíes. Se buscaba revitalizar el orgullo nacional y afianzar la fidelidad al precepto coránico, debilitada por la cultura occidental.

No tengo ningún interés en volver a Casablanca. ¿Para qué? “Siempre nos quedará Paris”.


IMÁGENES: Ver pié de cada foto.

[1] 16 de mayo de 2003.
[2] “El que actúa para el bien”, en árabe.
[3] “Mujer gentil, paciente y perseverante”, en árabe.
[4] “Debes recordar esto: un beso siempre es un beso.
      Un suspiro es solo un suspiro.
      Las cosas importantes adquieren valor
      a medida que el tiempo pasa.”
[5] http://www.rickscafe.ma/

2 comentarios:

Darío Castillo dijo...

Gracias por la lectura tan amena e interesante y tomarte el trabajo de trabajarla para todos tus lectores. Te comento que siempre te pongo comentarios pero no aparecen. Todos los artículos de la edición del 11 de mayo fueron leidos. Excelentes. Nuevamente gracias.
Darío Castillo- Guatemala-

Darío Castillo dijo...

Los incendios forestales son problema en todas las regiones del mundo. En Guatemala nuestras selvas son destruidas por el interés de hacerlas utilizables para agricultura o en la explotación ganadera. El cambio climático ha aportado también su granito de arena para hacer la tierra mas calientita y facilitar el fuego.