Verba volant, scrīpta mānent

20 julio 2019

El fuego, las cabras y el árbol de argán

España arde cada verano. Las causas debemos encontrarlas en la transformación de una sociedad rural y agrícola a una sociedad urbana y de servicios que no vive de los bosques, los desconoce y los descuida. Ciertamente, existe un complejo trasfondo que tiene que ver con el cambio en nuestro modelo de vida. Concurre un abandono de usos y costumbres tradicionales de la gestión forestal que provoca que los montes puedan arder con mucha más facilidad. “El paisaje ha pasado a ser un decorado, por eso no se gestiona”, he leído por ahí.

Bomberos forestales
Sin embargo, tenemos bosques que no se queman nunca. Conscientes de su importancia ecológica y económica, las gentes de algunos pueblos se ocupan de mantener limpio el suelo recogiendo la leña seca, principal combustible de los incendios forestales, sin más ayuda que sus manos y la colaboración de las cabras.

Las cabras pueden digerir una gran variedad de vegetales, incluidos arbustos, yerbajos y ramas medio secas a las que ningún otro animal metería el diente. Vagar y rebuscar alimentos está fuertemente relacionado con su bienestar. Estas características las convierten en una “herramienta” irremplazable para la limpieza del bosque.

Pero hay más utilidades. En el suroeste de Marruecos podemos encontrar docenas de cabras colgadas en lo alto de los árboles, masticando distraídamente. Las cabras son escaladoras expertas, conocidas por su habilidad para trepar por paredes rocosas y escarpadas montañas en busca de alimento. 

Las cabras se sienten atraídas por el fruto del árbol de argán [1]. El argán crece hasta unos 10 metros de altura, son espinosos y de troncos retorcido, pero las cabras, que han estado subiendo estos árboles durante siglos, han aprendido a adaptarse a la tarea.

Las cabras subidas al árbol del argán
El argán es endémico en áreas semidesérticas del Mediterráneo occidental. El fruto es una valiosa fuente de aceite y proporciona importantes ingresos [2] a la economía de la población bereber de Marruecos. El fruto, de unos 3 centímetros, tiene un hueso duro rodeado por una parte carnosa que las cabras comen. La nuez contiene una o dos pequeñas semillas ricas en aceite, el aceite de argán, disparado en popularidad durante los últimos años.

Rico, rico para las cabras
Tradicionalmente, las cabras son una pieza importante del negocio de la producción de este aceite. La eliminación de la pulpa blanda que rodea la nuez es la parte más laboriosa del proceso. Los bereberes permiten que las cabras coman el fruto: el hueso duro pasa, ileso, a través del sistema digestivo del animal. Una vez excretado, se recoge y muele para extraer el aceite, utilizado especialmente para masaje y cosmética. 

Irónicamente, su popularidad ha amenazado la supervivencia de este árbol. El dinero extra adquirido por la venta del aceite ha permitido a los locales comprar más cabras que, por excesivas, acaban dañando a los árboles. A bajo nivel, estas cabras podrían utilizarse para la limpieza del suelo entre los árboles, contribuyendo así a que no se queme el bosque.

Termino con un tema de  Juan Manuel Serrat, en una popular campaña de los 90 para la prevención de incendios forestales: “¡Todos contra el fuego!”.

Incluso las cabras.


[1] Argania spinosa, endémica de los semidesiertos calcáreos del suroeste de Marruecos. Es la única especie del género Argania, en español argán o erguén.
[2] También conocido como “el oro del desierto”, se cotiza por encima de los 300 dólares el litro.

8 comentarios:

Ramon Tejeiro dijo...

Aunque yo no sea una cabra... También contra el fuego.

Lau G. dijo...

Finalmente, sucede lo mismo; meter más cabras para aumentar la producción del famoso aceite de argán, salido del sorete de estos animales -ahora sé-, es otra forma de alterar el ecosistema. El motivo nunca es otro: la plata.

Guillermo dijo...

Qué curioso, nunca había visto cabras subidas a un árbol.

Lourdes Ortega dijo...

Es una pena que todos los veranos (años), tengamos que ver en las noticias incendios forestales, y peor si son intencionados.

Carmen G. dijo...

¡Siempre sorprendiéndonos con tus historias ! y ¡qué hacendosas las... cabras !

Antonio dijo...

Pues mira, yo tampoco había visto cabras subidas a los árboles. Pena que la gente de los pueblos ya no dedique tiempo a limpiar las zonas arboladas. Así nos va!

José Ignacio Fito dijo...

Eres un pozo de sabiduría querido Félix

Darío Castill dijo...

Los incendios forestales son problema en todas las regiones del mundo. En Guatemala nuestras selvas son destruidas por el interés de hacerlas utilizables para agricultura o en la explotación ganadera. El cambio climático ha aportado también su granito de arena para hacer la tierra mas calentita y facilitar el fuego.