Verba volant, scrīpta mānent

05 abril 2020

Caperucita Roja, siglo XXI

Érase una vez una preciosa niña, menudita y poca cosa, que siempre llevaba una capa roja con capucha del mismo color para protegerse del frío, que los inviernos e incluso la primavera por aquellos andurriales, eran muy duros. Por eso, todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Tenía un hermanito un año mayor que ella, muy fornido y rollizo, al que le había salido ya una sombra oscura de bigote. Vestía una capa como la suya, con capucha, pero en azul. Le llamaban, claro está, Caperucito Azul. Las dos prendas las había tejido su abuelita en punto granito, quien hubiera querido que la capa de la niña fuera rosa, como correspondería a una mocita, pero no encontró lana de ese color.

Papá leñador
Esta familia vivía cerca del bosque, con padre leñador. Más allá, adentrándose entre los árboles, vivía la abuelita, como a diez minutos por un estrecho sendero lleno de agujeros que, con la lluvia, se ponía intransitable y que la municipalidad, año tras año, prometía reparar. [1]

Era la yaya una pobre mujer enjuta en carnes, todo huesos y arrugas, que se ganaba la vida recogiendo frutas del bosque y plantas medicinales, que luego vendía a la gente del pueblo y a Soria Natural. Si el año era bueno, también hacía pacharán, que le salía riquísimo y se lo quitaban de las manos.

Un día, la mamá de los niños había preparado un flan delicioso y le pidió a Caperucita que le llevara un trozo a la abuelita. La niña se negó en redondo, alegando que le había bajado la menstru, aunque, en realidad, lo que quería era quedarse sola jugando con la PlayStation de su hermano, que nunca se la dejaba. Caperucito no tuvo más remedio que acceder a regañadientes a la petición de su madre, así que metió el trozo de flan en un táper, lo puso en una bolsa de Mercadona, se calzó unas enormes almadreñas [2] que le había hecho su padre, y se puso en marcha a casa de la abuelita.

El lobo después del almadreñazo que le arreó Caperucito
A mitad de camino apareció el lobo, con ganas de comerse al crío. Cuando la fiera se abalanzaba ya sobre él con aviesas intenciones, Caperucito le soltó una patada en la entrepierna, en salvas sean las partes que, con aquel almadreñazo, el animal no tuvo más opción que poner patas en polvorosa aullando como un lobo. Como alternativa, pensó el bicho que se podía comer a la abuelita, pero, la verdad, tan escasa de carnes, no le apetecía lo más mínimo. Decidió comerse al leñador. Se fue acercando cautelosamente, pero, el ruido de una rama que se quiebra al pisar, lo delató.

No contaba el bicho con que el leñador tenía siempre a mano una escopeta del 12 por si aparecía alguna liebre o conejo, escasos ahora por la mixomatosis. Con dos certeros disparos acabó con el dichoso lobo… y empezaron los problemas para el pobre hombre.

Un vecino insidioso le denunció, y le pusieron una buena multa por matar un canis lupus, mamífero placentario del orden de los carnívoros en peligro de extinción. Tuvo que pedir un crédito al BBVA para poderla pagar.

Entre que estaba harto de lobos, de talar árboles, —mal visto por lo de la deforestación— y encima lo de la multa, decidió largarse a Almería a recoger cebollas, que habían dicho en la tele que faltaban temporeros.

A 6 euros la hora.


[1] Antes de las elecciones municipales. Luego se olvidaban.
[2] Calzado rústico de madera, excelente para caminar por el barro. Muy popular en Asturias, Galicia y otras zonas del norte lluvioso.

10 comentarios:

Norberto Cibilis dijo...

Muchas gracias Félix
Hacía tiempo que no tenía noticias tuyas
Abrazos

María Susana Vidal dijo...

Es bueno saber que estas still alive en medio de esta espantosa pandemia. Afectuosos saludos!

Eugenio Mingo dijo...

Que bien ya de vuelta !!!
Espero que este retiro voluntario haya sido provechoso.
Un abrazo, salud y suerte !!!

Darío Castillo dijo...

Como siempre, lectura interesante. Caperucita Roja adaptada a la realidad actual. El aguila y el halcón excelente comparación para la vida en pareja, volver a leerla me permite estar consciente de su vigencia.
Saludos y que la crisis de Coronavid 19 pase pronto y que la crisis sanitaria y económica pase pronto. Saludos

PEREZ Humberto dijo...

Bienvenido seas!!!

Guillermo Zevallos D. dijo...

Un gusto tener noticias tuyas, se extrañaba tu siempre bienvenida narrativa.
Saludos cordiales desde Perú.

Lourdes Ortega dijo...

Un cuento tradicional bien llevado a la actualidad.
Un abrazo.

Elizabeth Torres dijo...

Me gustó! Espero que el BBVA haya pagado el auspicio. Saludos desde Paraguay

Darío Castillo dijo...

Hola: buen domingo;ultimo y confinado dia de mayo. Gracias por la lectura.
Disfruté: Los cuervos, La educación y la versión actual de Caperucita Roja.
Gracias por inspirarte y enviárnoslo.
Saludos y que todo marche bien en medio de esta pandemia.
Darío Castillo- Guatemala, Centroamerica

Asungar dijo...

Si me he reído con esta versión de Caperucita..., aún con lo manifiesta que queda una realidad digamos descarnada. Gracias Félix por este ratico tan agradable.