Verba volant, scrīpta mānent

02 mayo 2020

Analfabetos funcionales y otros iletrados

Tenemos un problema: caminamos hacia un periodo áureo de indigencia mental. La legislación educativa ha sido un baile continuo [1], lleno de polémicas, debates y protestas que han ido acabando con aquella educación que producía ese sustrato social necesario para garantizar la pervivencia de nuestros principales valores.

"Analfabetos ha habido siempre, pero ahora salen de las universidades" (María Elvira Roca Barea) [4]
Sin embargo, cualquier analfabeto está hoy capacitado para disfrutar de la dolce vita que nos sugiere la sociedad. En mi casa, uno de los seres más felices que la habitan es analfabeto profundo y, aunque entiende y descifra casi una veintena de palabras, no sabe leer ni escribir: se trata de mi perro [2]. Pero, si hablamos de un ser más evolucionado, el ser humano, por ejemplo, también puede pasar por la vida, feliz o no, sin saber leer ni escribir ni cocinar un guiso de alcachofas.

¡Qué catástrofe! (Prensa Dominicana)
Siempre ha habido analfabetos, aunque los tiempos hayan ampliado y definido mejor sus categorías: absoluto, digital, gramatical, tecnológico, por desuso —este es mío—... Pero analfabetos severos hay muy pocos en España [3]. Según el informe PISA, lo que puede aumentar en el futuro es el analfabeto funcional, es decir, un homo sapiens escolarizado que sabe leer y escribir y que interpreta perfectamente el letrero de "Prohibido fumar", conoce con certeza lo que significan las luces de los semáforos o sabe lo que se puede esperar de una "liquidación por fin de temporada". Pero, cuando recibe una notificación de Hacienda o la factura de Movistar, le cuesta desentrañar su significado.

El concepto de analfabeto funcional lo define la UNESCO como la persona que no puede emprender aquellas actividades necesarias para su propio desarrollo y el de su comunidad. Por lo tanto, un analfabeto funcional es aquel que es incapaz de rellenar un impreso o entender el funcionamiento del cajero automático o no sabe aplicar “las cuatro reglas” en su vida diaria, entre otras carencias.

Ejercicio de lecto-escritura para algunos.
Conozco a cierta persona que me preguntó, sin sonrojarse, si era cierto que existe gente capaz de leerse un libro entero. Tiempo atrás, "se me juntan las letras" me dijo alguien a quien pretendía regalar un libro. Uno de cada tres escolares, tras abandonar las aulas, no leen jamás. Esa falta de gimnasia neuronal atrofia la comprensión, de la misma manera que, si no camináramos lo suficiente, llegaríamos a movernos con dificultad.

Pero lo grave es que, según el informe, está bajando el nivel de comprensión de lectura de nuestros escolares. Descodifican los signos de las palabras, los pueden convertir en sonidos, pero no captan el sentido del escrito. Su refugio es la televisión, donde los canales compite en ofrecer programas pensados para una gente que no lee, que no entiende, que pasa de la cultura, que quiere que la diviertan o la distraigan, aunque sea con los más repugnantes trapos sucios del famoseo. Lo que les va a resultar más difícil es enterarse de lo que se escribe en este blog.

Un día cualquiera, en una clase para adultos, están aprendiendo a escribir la palabra “historia”. La maestra pregunta cómo empieza a deletrearse y los alumnos, mayores, responden probando suerte: “Con i latina, con y griega, con mayúscula...” Segundos después se desvela la incógnita: con h muda, la del silencio, la de la ausencia.

La h de la historia que no ha dado voz a la educación durante el último siglo.


[1] Siete leyes, siete, de supuesta educación desde la llamada restauración democrática. No cuento las tres de Franco ni las 2 de la II República. (Wikipedia)
[2] Esta historieta del perro se la oí hace años a mi admirado periodista Luis del Val.
[3] En Andalucía se encuentra una de las zonas con mayor nivel de exclusión social de toda Europa. Allí, el 26% de las mujeres no sabe leer ni escribir y solo un 1% de las que terminan el bachillerato llega a la universidad. (Diario “El Mundo”). En esta autonomía se defraudaron cientos de millones de euros destinados a actividades de formación. Varios políticos y funcionarios de la Junta de Andalucía (PSOE) están procesados.
[4] María Elvira Roca Barea acaba de publicar “Imperiofobia y Leyenda Negra”. La autora estudió Lenguas Clásicas y Filología Hispánica y se doctoró en Literatura Medieval. Colaboradora del CSIC, ha publicado artículos sobre retórica clásica y desarrollo de la literatura caballeresca medieval. Ha sido profesora en la Universidad de Harvard. (Prensa Unizar)

3 comentarios:

Unknown dijo...

Hola Félix.

Efectivamente. Los gobiernos de este mundo globalizado, hacen denodados esfuerzos para que todos sus ciudadanos (al igual que los miembros y miembras de los susodichos gobiernos) sean analfabetos funcionales.

Es una magnífica forma de perpetuarse en el poder.

Esto, y la renta mínima vitalicia para las clases menesterosas, garantiza las re elecciones sucesivas en estos remedos de democracia que nos ha tocado soportar / vivir.

Un abrazo
Juan Sánchez

Lau G. dijo...

Y yo que pensé que el analfabetismo funcional iba en camino a la erradicación... Salgo a la calle en medio de la pandemia y tengo que, resignadamente, admitir que antes erradican que coronavirus de los wevos, que decís vos, que el analfabetismo funcional. Aquí y en Júpiter.

Lau G. dijo...

¡Qué puta! Gente sin barbijo, no se respetan las señalizaciones tan centimetradas que las pusieron, si no vigilan, tampoco nadie se lava las manos, y para colmo: se te suben de contramano hasta en las veredas para eludir los controles de patentes vehiculares (que pares, lunes, miércoles y viernes; y pares, martes, jueves y sábados). En fin.