26 marzo 2021

Cita con la memoria

Esta entrada se publicó en uno de mis blogs hace 12 años.
La incluyo aquí porque mucha gente no la habrá leído
y porque no he encontrado nada mejor para esta Semana Santa
.

Pasó junto a mí rozándome con su túnica morada, sin reparar en mi presencia, sin detenerse, caminando rápido y solemne, como una sombra muda y anónima avanzando con paso decidido y resuelto hacia su cita anual con la memoria. Apenas vaciló un instante antes de abandonar la penumbra de nuestro portal, como para acostumbrar sus ojos a la claridad limpia de abril.

Cofrades portando una imagen (paso)

Sé quién es. Nos hemos cruzado muchas veces en la calle, en el ascensor y en el garaje del edificio. No hemos hablado mucho, pero sí lo suficiente para saber que es un vecino cómodo, una persona erudita, con ideas claras y mente despejada, irreligioso, aunque hoy es un hombre distinto. Dentro de unas horas será solamente un costalero anónimo portando la efigie de un Cristo Crucificado en la procesión de una desconocida cofradía.

Este intelectual escéptico me dijo un día: Yo no creo estar llevando a Dios sobre mis hombros, pero sí a un hombre que murió por el perdón de todos. Me basta con esto para involucrarme.

Esto es nuestra Semana Santa: ni un rito atávico ni un aquelarre de fundamentalismo religioso, sino el reencuentro, en la armonía de la primavera, de un pueblo con el paisaje moral de sus sentimientos y de su conciencia, de sus pasiones y de sus emociones. El reencuentro con el Hombre.

Legionarios con su
Cristo de la Buena Muerte
En pocas citas masivas se produce tantísima tolerancia. Políticos profundamente críticos con la Iglesia Católica, presiden sin conflicto alguno las procesiones de su ciudad. Mujeres proabortistas caminan descalzas tras la imagen del Gran Poder, protegiéndose acaso, con un pañolón, de la lluvia de cera de los cirios.

Es la gran fiesta del perdón, la cita del pueblo con la memoria, preservada a través del tiempo por una simbología de devastadora potencia emotiva y bellísima sensibilidad estética, que nos vincula con la necesidad de la indulgencia. Un ritual profundamente enraizado en la religión y en la ética, en esa dimensión social de la penitencia, el amor, la compasión y la piedad.

Los mismos valores del Hombre cuya figura crucificada y moribunda pasea estos días por nuestras calles. Del Hombre que, al perdonar a sus enemigos porque no saben lo que hacen, dejó abierto el poder de la misericordia incluso para los que sí lo saben.

6 comentarios:

Unknown dijo...

Has dado en el clavo Félix.
Yo, que a lo sumo soy agnostico, me reviento (reventaba) las manos tocando hasta la extenuación, en mi pueblo, Calanda.
Y lloro como un niño al ver pasar a la Soledad, a hombros de las mujeres y tocando el tambor el resto de la cofradía (sólo mujeres) como diosas.
Es así, y no le busco más explicación.
Un abrazo
Juan Sánchez, desde Zaragoza.

FG dijo...

¡Gracia, Juan! ¡Acertadísimo comentario!

Ramon Tejeiro dijo...

Yo entiendo bien a ese vecino tuyo...yo son un cristiano ateo, que no cree en un Dios infinitamente nada, pero que respeta mucho a ese filósofo que propuso el amor al prójimo como la mejor manera de organizar a la humanidad, rompiendo con la cultura de David matagigantes y otros sangrientos iconos.

Leónidas dijo...

Genial Felix voy a estar leyendo, interesante los temas. Que estés muy bien.

FG dijo...

¡Gracias, Ramón desde Guatemala y Leónidas desde Paraguay por leerme y por vuestros comentarios! ¡Gracias por vuestra sensibilidad!

FG dijo...

Y gracias también a Juan, que sabe mucho de esto. Un abrazo, Juan.